Casa de Cursillos San Pablo

Movimiento de Cursillos de Cristiandad de La Arquidiócesis de Monterrey

Casa de Cursillos San Pablo

Movimiento de Cursillos de Cristiandad de La Arquidiócesis de Monterrey

¿El Porque del amor en los cursillos?

Llegar a una parroquia, en donde los hombres no asistían a la misa, ni a los sacramentos, solo a los bautismos de sus hijos y donde no querían que se les cambiara el párroco, quien había estado ahí por muchos años, (desde que se abrieron los templos después de la persecución), en donde solo había ido un hombre a la visita pastoral, que hizo el obispo de Linares y que duró dos semanas y por ultimo en donde pintaron la parte exterior de la parroquia con chapopote, con frases en contra de la iglesia, al día siguiente de mi llegada, fue una experiencia que no imaginaba cuando recibí el nombramiento de párroco de General Terán N. L.

El día anterior a mi llegada a esa parroquia vine a Monterrey, para platicar con el que era el director espiritual de los cursillos de Monterrey y quien había sido mi primer párroco. Cuando le dije a donde me habían mandado como párroco, el exclamó con admiración ¡Te han mandado a la parroquia mas difícil de Nuevo León, tan difícil que el Sr. Arzobispo nunca la visitó! Antes de despedirme me dijo: “Rogelio, si en diez años logras que asistan los hombres a la iglesia, date por satisfecho”.

Yo había hecho los cursillos de Cristiandad estando en Linares y antes de despedirme le pedí que me permitiera mandar hombres de Terán a los cursillos. El me dijo: “en mi tierra que es Marín dicen que si vas a matar una víbora le pises la cabeza, no la cola, porque si no, se voltea y te muerde”. Mándame gente que sea líder, no me mandes hombres buenos, me volvió a repetir, que sean lideres.

Después de la pintarrajeada que le dieron a la parroquia, al día siguiente que yo llegué, ante la admiración de todos los que estaban en el Palacio Municipal, fui a visitar al señor alcalde para que viniera a Monterrey a un cursillo. El estaba demasiado admirado de que el cura del pueblo lo fuera a invitar a un curso, del que él nunca había oído hablar. Se resistió muchísimo y por fin me dijo que sí vendría a Monterrey.

Dos días antes del cursillo me habló por teléfono para decirme que tenía que ir a México, pero que mandaba al alcalde segundo.

El alcalde segundo era un hombre bueno y de carácter, pero había estado apartado de la parroquia simplemente por la amistad de los que lo rodeaban. Cuando llegamos a Monterrey me encontré con el padre Eliseo De La Garza, quien había ido a la despedida del cursillo. Yo le quise presumir que traía al alcalde segundo y comenzó a platicar con él, diciéndole que le extrañaba que yo lo hubiera invitado a un cursillo, puesto que era un acto meramente político. Por coincidencia, iba también a hacer el cursillo el Dr. Hinojosa, primo del padre Eliseo y representante del PAN en Nuevo león. Con mucha malicia le preguntó que si conocía al Dr. Hinojosa y mi candidato le dijo “naturalmente que lo conozco” entonces dijo el Padre Eliseo “ya lo ves, esto es un acto político del PAN”. El pobre Toño (el alcalde segundo) inmediatamente me dijo “¡padre yo no puedo estar aquí, yo soy del PRI!”. Toño te esta vacilado el padre, no es nada de política, le dije. Estando ya en el autobús que los iba a llevar al cursillo, se asomaba por la ventana y me decía “si quiere le doy dinero para que ayude a la parroquia” y yo le contesté “no tengas miedo ¡Animo!”

Toño Sepúlveda fue el primer cursillista de General Terán, a su regreso todos se le juntaron para ver qué había pasado y le decían “platícanos a donde te llevó el padrecito, que te hizo, ya que vienes muy cambiado”. El solamente se limito a contestarles “si quieren saber porqué vengo cambiado” y ahí nombro a uno o dos “tu y tu van a ir al siguiente cursillo y después ustedes nos platican sus experiencias”.

¿Por qué amo al movimiento de cursillos? Antes de un año, todos los que tenían algún cargo público en el Palacio, eran cursillistas. Cristo llamó a esa Parroquia y ellos le dijeron ¡sí vamos!

Lo que me había dicho el padre González Montemayor, que me diera por satisfecho si en diez años lograba que los hombres fueran a misa, con la ayuda de Cristo, eso se logró antes de un año.

¿Por que amo al movimiento de cursillos? Cuando dejé la parroquia de General Terán asistían a misa casi un 50% de hombres y mujeres a la misa de la parroquia.

Fruto de ese cambio, son dos religiosas josefinas y el padre Virgilio Cantú, quien trabaja aquí en la Diócesis de Monterrey.

Que Cristo siga bendiciendo con cursillos a la Iglesia en este tiempo de crisis vocacional.

 

Rogelio De La Garza

Sacerdote